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Pulverizacion Terrestre y Aerea. Ventajas y Desventajas de cada una.

 

17/12/2010 | A continuación se mencionan algunas recomendaciones para realizar una adecuada y eficiente aplicación de fungicidas en el cultivo de soja.Comentarios  FacebookTwitter

 

Equipo terrestre vs avión

Al momento de realizar una pulverización y decidir la herramienta de aplicación de plaguicidas, debemos tener en cuenta el estado del cultivo y las condiciones ambientales.

Considerando un cultivo de soja sembrado a 50 cm, con entresurco cerrado, una altura de planta entre 80-90 cm, en estado fenológico R3 (principio de formación de vainas), un equipo terrestre automotriz en suelo seco, provoca un pérdida por tránsito del orden del 3%; para una expectativa de rendimiento de 40 qq/ha la pérdida es 120 kg/ha, que traducida en pesos representa $120/ha. Un avión no produce estas pérdidas, entonces al comparar alternativas existe un handicap de US 32/ha a favor de tratamientos aéreos.

Para esta circunstancia de tratamiento fitosanitario, comparando costos, existe la falsa idea de pensar que el avión resulta más costoso que un tratamiento terrestre, cuando en verdad existe un ahorro de una relación 3:1 (por cada tratamiento terrestre pago 3 aéreos).

La pregunta es: ¿ E sto pasa en el Gran Cultivo?

 

Aplicaciones aéreas bien realizadas

Para que la aplicación aérea de fungicidas en soja resulte óptima, se debe usar un volumen de 15 lt/ha, y anchos de faja variables: 18m para aviones chicos y 20m para aviones grandes.

La cantidad de gotas sobre el cultivo varían entre 50 gotas/cm2 para sistemas aspersores rotativo y 35 gotas/cm2 para barra con picos. Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 10 gotas/cm2 en el centro de la biomasa del cultivo, promedio de 14  y 7 impactos en la base del tercio superior y medio respectivamente.

Cuando la humedad relativa es inferior al 40%, se recomienda no hacer tratamientos porque no resulta posible mitigar la evaporación de las gotas chicas. Cuando las condiciones de humedad superan el 60%, la evaporación no resulta significativa. En situaciones intermedias, se recomienda el uso de aceite antievaporante, a dosis fija entre 1 y 2 lt/ha, para atmósferas entre 50-60% y 40-50% respectivamente. También se ha demostrado la ventaja del aceite de soja en tratamientos a 1 lt/ha, por su mejor comportamiento en la protección de las gotas chicas. En todos los casos se aconseja el uso de tensioactivo órgano siliconado (sólo y en mezcla con el antievaporante) por dos razones bien fundamentadas: reduce el tamaño de gota, factor esencial para una penetración profunda en la masa foliar, y además garantiza una óptima absorción del fungicida en la hoja por su alta compatibilidad cuticular.

Teniendo en cuentas las condiciones meteorológicas actuales, donde llueve día por medio, el tensioactivo reduce los riesgos por lavado minimizando las pérdidas de fungicida por precipitaciones ocurridas 1 hora posterior al tratamiento.

 

Ventajas adicionales al utilizar avión

Si las enfermedades se inician en el estrato inferior de un cultivo y los fungicidas sólo traslocan dentro de la hoja, resulta obvio que para lograr efectos de control hay que distribuir la dosis apuntando al tercio inferior y medio del follaje. Teniendo en cuenta los distintos estratos del cultivo, los equipos terrestres distribuyen entre 65 y 70% de la dosis en el tercio superior, en cambio los aéreos (equipados con aspersores rotativos) sólo el 45% en ese estrato. En el estrato inferior, llega el 20% con avión y entre el 5 a 2.5% con terrestre, para cono hueco y doble abanico respectivamente. En otras palabras, el avión ubica al menos 4 veces más dosis donde inicia la enfermedad.

 

Tratamientos con equipo terrestre

En cultivos altos y foliosos, el volumen de aspersión aconsejado es 150 lt/ha en combinación con pastillas de cono hueco y alta presión (mínimo 70 lb/pg2 = 5 kg/cm2). La diferencia de respuesta por el uso de cono hueco, en comparación al doble abanico plano, es de + 1 qq/ha; y la de utilizar un volumen 25% menor (110 vs 150 lt/ha) es - 1 qq/ha. Esto debe interpretarse que en ambas situaciones, la baja en la respuesta supera el costo del tratamiento, y en consecuencia resulta económicamente recomendable no incurrir en ese error. Resulta importante entender la diferencia entre eficacia y eficiencia, el fungicida incrementa el rinde (es eficaz), mal aplicado no es eficiente (dejamos de ganar 200 kg/ha). La recomendación de volumen depende del desarrollo de la masa foliar, en consecuencia utilizando tarjetas sensibles deberemos lograr sobre el cultivo (sin interposición de hojas) entre 200 a 250 gotas/cm2, con pastillas doble abanico y cono hueco respectivamente. Esta cantidad de impactos garantizan una penetración de 120 gotas/cm2 en el centro de la biomasa del cultivo, promedio de 170 y 65 gotas/cm2 en la base del tercio superior y medio respectivamente. Otras situaciones que producen resultados deficientes con equipo terrestre son el uso de baja presión y un botalón bajo, generando gota grande que impacta el estrato superior impidiendo la incorporación profunda del asperjado. El tamaño de gota se reduce elevando la presión y utilizando tensioactivo.

 

Relación beneficio-costo

Para fungicidas en soja está bien evaluado que la respuesta en rinde, en la amplia mayoría de los casos, paga el tratamiento (fungicida a la dosis de control, más la pulverización); con incrementos mínimos de 1 qq/ha, máximos entre 7-8 qq/ha, y medios de 3-4 qq/ha. Además, cuando tenemos altas expectativas de rendimiento en soja (con un piso de 40 qq/ha), no podemos dudar de la tecnología de fungicidas cuando el sistema viene acompañado por condiciones que favorecen el desarrollo de enfermedades. A mayor expectativa de rinde potencial, mayor respuesta al agregado de fungicidas; tanto por el control de la enfermedad (básicamente Septoriosis) como por el retraso en el amarilleo y caída de hojas, situación que prolonga el período de llenado de granos.

¿Usted se privaría de estos beneficios, luego de incurrir en un gasto considerable, por una mala aplicación?

 

Fuente:

Ing Agr Pedro Daniel Leiva